lunes, 7 de enero de 2013

Venga tu reino....

  "Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica"   Lucas 6:29


 El año pasado fui víctima de robo en tres ocasiones.  La primera, en el mes de marzo, a las 11 de la mañana, iba con mi esposo y mi hija, un tembloroso ladrón, mano armada, le quitó a mi  esposo sus anillos y a mi la cartera con todo lo que te puedas imaginar, desde un cepillo que me regaló mi abuela cuando tenía 7 años hasta el ipod de mi hijo y el libro que estaba leyendo para esa época.  REcuerdo que Mode lo tomó tranquilamente, "tate quieto baja eso que ando con mi niña, yo te doy lo que tú quieras" fue la respuesta de mi esposo mientras, yo rezaba "Padrenuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre venga a nosotros tu reino... Ehh... ehhh.... Padrenuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre venga a nosotros tu reino... Ehh"  Sí me quedé achivá en venga a nosotros tu reino, no recordaba lo que seguía, tenía "los nervios nerviosos"....

Cuando el atracador vino a quitarme la cartera, instinstivamente le dije que no, que no se la daba mientras buscaba técnicas para derribarlo, Mode al darse cuenta me gritó dásela y yo que no y que no, me río mientras recuerdo la escena mi espos y yo discutiendo y el ladrón esperando, hasta que se hartó y me apuntó a la cabeza, con esa presión el esposo por un lado y el ladrón por otro no tuve más remedio que tragarme mi orgullo y entregarle la cartera.   

La segunda vez, a los ocho meses, entraron a la casa a pleno día y nos robaron la laptop.  La tercera vez, al mes del segundo robo, entraron en cuatro apartamentos del residencial donde vivo, a medianoche, mientras dormíamos rompieron los hierros del balcón y entraron, pero no se llevaron nada, supongo la risa que debió darle al ladrón cuando vio una silla cubriendo la puerta principal.

Actualmente, en este país abundan los delincuentes y escasea la autoridad pública y nosotros las pobres víctimas, a quienes nos pasan las peores cosas mientras inocentemente cumplimos con nuestro deber o descansamos en los brazos de morfeo, tenemos que quedarnos tranquilitos, calladitos, sumisos para que no nos quiten la vida, mientras que los ladrones aprovechandose de la situación andan acabando como perros por su casa.  Los asaltos y muertes en manos de maleantes tienen más frecuencia que antes y nadie se escapa de ellos colmaderos, taxistas, motoconchistas, jóvenes, niños, cómo no citar la ingeniera que recientemente perdió su vista al ser interceptada por unos atracadores.

Eso me enerva, me acelera el corazón de la rabia y la impotencia y me asalta el pensamiento de que prefiero enfrentar al atracador y morir defendiendo lo mío:  Mi dignidad, mi trabajo, mi esfuerzo, mi orgullo propio, mi derecho a andar tranquila, segura, en vez de tomar la actitud pasiva que sugieren los expertos, esa actitud que me lleva a vivir con miedo, desconfianza ante el primer pasolero que me pasa por el lado, taquicardía, desesperación, desasosiego, intranquilidad, rabia prolongada (Sí, todavía toy quillá) entre otros sentimientos...

Pero en el instante en que salgo a la calle dispuesta a to, a emburujarme como una degraciá, a que se fuñó el que venga a asaltarme porque "se la voy a cobrar todas" cuando le tire el carro encima o le dé mi patá voladora.. En ese momento me llega suavemente, como un susurro, algo que me dice “... y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues” (Lucas 6.29)  Diantre Jesús! Es como si me dijeras "al que te quite la cartera dale el celular y el dinero que llevas en el bolsillo" Grrr, qué lío!! Yo loca por fajarme y tú me llamas a buscar la paz a toda costa y cojo más cuerda porque sé que es verdad, que tienes razón, porque he visto cómo los ángeles de Dios cuidan a sus hijos, porque sé que eres fiel, porque en vano vigila el centinela si tú no guardas la ciudad.... 

Descubro que el asaltante puede asustarme con su cercanía, quitarme mis bienes materiales o hasta la vida,  pero no puede quitarme mi paz, mi fe, el propósito que tienes para mí y mi familia y mucho menos quitarme las promesas que me has dado, apartarme de tu lado.  Sin querer-queriendo voy dejando los pensamientos destructivos a tus pies y me quedo con tus promesas y entonces llega a mí tu reino, ese reino tan diferente al de este mundo, reino de paz, de compasión.
 
Aaayyy Dios cambias mis planes como quien cambia de frecuencia radial,  pienso "na-e-na, total cartera e gente? Pobre ladrón, en qué circunstancias se habrá criado?" Más que violencia sus actos me gritan que le faltó amor y termino intercediendo por él, rezando para que no tenga un mal final, para que se encuentre contigo y cambie de rumbo y me lo imagino en un futuro dando testimonio de ti, de que era ladrón y que por tu gracia, por tu misericorida y para tu gloria tiene una fundación de rehabilitación callejera.... Aaaahhh, Señor ladrón que le vaya bien con mi ipod, maquillaje, recuerdos y todo lo que llevaba en mi cartera, las prendas de mi esposo, mi laptop y todo lo demás pero sobre todo vaya con Dios. 

Practícalo
Medita el Salmo 91
Citas de apoyo
Lucas 6:31 Y así como queréis que los hombres os hagan, haced con ellos de la misma manera
Salmos 121:3 No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda.
Isaías 27:3 Yo, el SEÑOR, soy su guardador; a cada momento la riego. Para que nadie la dañe, la guardo noche y día.